| Enero / Febrero 2005. Año XI / Nº 112 María Ester Roblero, Directora de la revista Hacer Familia, entrevistó a Mauricio. A continuación te mostramos lo que apareció en la edición impresa y, como regalo, más abajo están todas las preguntas con sus respuestas en extenso. |
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| >¿Cómo es que un ingeniero civil eléctrico llega a dedicarse a la literatura infantil? Hasta los nueve años quería ser doctor y pintor, porque me gustaba eso de poder “arreglar” a las personas y siempre me ha gustado dibujar. El problema fue que me daba susto que se me muriera algún paciente, así que cambié de opinión y decidí ser ingeniero y escritor. Lo del dibujo sigue muy presente, ya que participo en forma activa en el desarrollo de las ilustraciones de los personajes y las escenas de mis libros, y lo de ingeniero se dio porque conocí el fascinante mundo de la computación cuando mi papá nos regaló un Atari 600 XL. Después de titularme trabajé tres años como ingeniero y, luego de un acucioso proceso de reflexión, decidí lanzarme con todo a la literatura. Conversé con mi familia y ellos me dieron todo su apoyo. Cuando escribo para niños, pienso en qué tipo de libro me habría encantado leer en el colegio, porque me tocaron algunos que eran calamitosamente fomes. Se podría pensar: “¿Y para qué estudió ingeniería?”. Estoy convencido de haberle achuntado medio a medio, ya que la formación que recibí en la Universidad Católica contribuyó a forjar mi paciencia y perseverancia, aspectos fundamentales en el oficio de escritor. >¿Se puede escribir para niños sin humor y sin fantasía? Son dos preguntas en una. Como dijo Jack el destripador, vamos por partes: el humor es un ingrediente que a mí me parece muy atractivo. Los niños tienen una sensibilidad estética formidablemente desprejuiciada; les gustan los juegos de palabras, comprenden a la perfección el sentido del absurdo y las sutilezas del sarcasmo. Hay otros temas igualmente interesantes: el misterio, las aventuras, la ternura, incluso la tristeza y el dolor. Por otro lado la fantasía es la esencia misma de la creación literaria. Hay un vínculo íntimo entre imaginación y fantasía. Las dos se refieren a representar mentalmente impresiones sensoriales en ausencia de la fuente, pero en la fantasía ocurre un fenómeno creativo trascendental. Una obra artística se completa no cuando el receptor comprende lo que el autor quiso representar, sino cuando crea su propia visión subjetiva, de acuerdo a su experiencia y emociones. Me puse un poco denso, pero en resumen, libros sin humor: claro, en la variedad está el gusto; libros sin fantasía: no son literatura. >¿Cuáles son los últimos libros que te has comprado? Comprados o regalados... “La abolición del hombre”, de C.S. Lewis, uno de mis autores favoritos, especialmente en sus ensayos (“Los cuatro amores” sigue siendo mi preferido). Este libro trata temas de educación, no el sentido curricular, sino en qué es realmente lo importante al formar nuevas generaciones, en particular su capacidad de pensar en forma autónoma, tener opinión crítica, incluso el derecho a discrepar con argumentos. Yo veo que hay una tendencia actual a fabricar estudiantes condicionados para labores específicas, enfatizando en extremo el razonamiento lógico y analítico. Lo divertido es que después, cuando quieran ingresar al mundo corporativo, se encontrarán con que las empresas buscan “personas altamente creativas”. ¿Y qué pasó entonces? Por eso que los libros, especialmente los que lean los niños, deben ser disfrutados y no estudiados. “Como una novela” de Daniel Pennac, lo recomiendo mucho para padres y profesores, “Variaciones sobre la escritura” de Roland Barthes, “El regreso del hijo pródigo” de Henri Nouwen, un libro precioso que relaciona el cuadro de Rembrandt, la parábola del Evangelio y la propia vida del autor, y “Un puente para dos miradas” de Francisco Varela. >En tu página web (www.habiaotravez.com) aparece reproducida una carta de una niñita del colegio Huelén que dice que tú eres “el escritor más ingenioso de Chile”. ¿Es verdad? Yo creo que esa niña debe ser la más perspicaz de Chile, porque es totalmente cierto. Un poco más en serio (pero no tanto), pienso en las más de 150 presentaciones en colegios que he realizado. Muchas veces me preguntan “¿Cómo se te ocurren las ideas?” o “¿No se te acaba la imaginación?”. La verdad es que invento todo el tiempo, sin parar. Entiendo que para mucha gente significa un gran esfuerzo concebir una historia, a mí me pasa lo opuesto: tengo que canalizar el caudal creativo y restringirme a unos pocos proyectos en paralelo. Hasta ahora las cosas van muy bien, con la inmensa ayuda de Dios. En dos años llevo vendidos más de 10.000 ejemplares, los niños están ansiosos porque salgan publicados nuevos libros míos y yo sigo feliz escribiendo. Mi sitio www.habiaotravez.com (desarrollado a pulso junto con mi querida señora, Verónica Laymuns, que es artista) ha sido una excelente medio para recibir las opiniones de niños de todas partes, que han leído mis libros en el colegio o sus papás se los han comprado. >¿Qué libro tuyo le recomendarías a un niño o niña de diez años para este verano? Con mi modestia característica debo decir que todos, pero voy a dar una orientación por intereses. Si te gustaría conocer a un niño que se quiere tanto a sí mismo que hasta se llama por teléfono, te recomiendo “¡Ay, cuánto me quiero!”. Si quieres saber cómo una cama lleva volando a su dueño hasta la cordillera de los Andes para salvar al mundo de quedarse sin sol, entonces léete “La cama mágica de Bartolo”, y si te interesa descubrir la extraña forma de vida de un feliz matrimonio que no se baña, no se escobilla los dientes y ni siquiera se cambia los calcetines, entonces “La familia Guácatela” es para ti. Por si fuera poco, durante este año se publicará el mejor libro para niños de toda la historia. Su título hasta ahora ha sido un secreto, pero bueno, ya no lo será. Se llama “Verónica, la niña biónica” y me quedó espectacular. Todos publicados dentro de la editorial Alfaguara, a quienes agradezco infinitamente. >Estas recién casado, ¿ya preparas la biblioteca de tus futuros hijos? ¿Qué libros no podrían faltar en sus repisas? Así es, a la Vero y a mí nos encanta leer. He comprado muchos libros infantiles, porque lo paso muy bien y porque los uso para mis clases de Literatura Infantil en la Universidad Andrés Bello. Nuestros hijos van a tener un gran repertorio de donde elegir. Hay que resistir la tentación de imponer los gustos personales, la idea es guiar, sugerir de acuerdo a la edad, para que los niños descubran sus propios intereses y así contagiarles el entusiasmo por la lectura. Los imperdibles: todo Roald Dahl, en especial “El gran gigante bonachón”, “Charlie y la fábrica de chocolate” y “Matilda”; también Oscar Wilde con “El gigante egoísta” y “El príncipe feliz” (podría decirse que de feliz lo único que tiene es el título, y es uno de los cuentos más conmovedores jamás escrito); “No, David” de David Shannon; “La vendedora de fósforos” de Hans Christian Andersen (una sobrecogedora visión de la pobreza y la muerte); “Papelucho casi huérfano” de la Marcela Paz; “Cuando los borregos no pueden dormir” de Satoshi Kitamura; “Mafalda” de Quino; “Asterix” de Goscinny y, por supuesto, “El principito” de Antoine de Saint Exupéry. |
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| Aquí va, de regalo, la entrevista completa: |