Escribiendo para niños se pasa mejor

Su espíritu siempre ha estado dividido entre la ingeniería civil eléctrica y la literatura, las dos son su pasión.
Rehúsa a desechar cualquiera de las dos alternativas, al ejercer una, la otra estará en la banca.
Por Valeria Uribe O.


Temprano en la mañana, Mauricio se sienta frente al computador. Junto a él lleva una libreta de notas con muchos dibujos de monstruos, niños y llena de ideas para componer un nuevo cuento. Escribe desde una casa ubicada en Providencia, donde aún vive con sus padres, su hermana, tres gatos y una tortuga. Tiene 30 años, ya se tituló de ingeniero civil eléctrico, se casa el próximo año, pero aún así sigue siendo un niño.

Este miércoles 15 de octubre, en el Campus Casona de Las Condes de la Universidad Andrés Bello, es el lanzamiento de su libro ¡Ay, cuánto me quiero!, el que espera que sea tan exitoso como La cama mágica de Bartolo, que ya está en su tercera edición y ha vendido aproximadamente cinco mil copias.

El ingeniero, el escritor y el profesor
¿Cómo pasaste de la ingeniería civil a escribir cuentos para niños?
Desde muy niño quería ser ingeniero y escritor, quería ser las dos cosas y lo increíble es que se haya dado. Yo a los nueve años tomé la decisión de ser ingeniero y escritor...un poco por decir algo... y después resulta que las cosas se dieron así...

Mauricio Paredes habla sorprendiéndose de los resultados de su empresa, sus ojos brillan al contarnos su experiencia como escritor para niños y casi no respira para relatarnos sus anécdotas y opiniones.
...Estudié ingeniería porque me encanta, yo trabajé tres años como ingeniero, me gusta mucho, no estoy arrepentido. No es que me haya equivocado, -nos recalca- me fue muy bien trabajando como ingeniero y es un área que me gusta mucho. Pero también tenía mi vocación literaria, me gusta mucho escribir, lo paso bien escribiendo, es una actividad que me da una satisfacción muy grande. De repente llegó un momento en que me tocó decidir, no estaba casado en ese entonces ... bueno me caso el próximo año...- estaba con mis papás, tenía comida, entonces podía darme el lujo de tratar..., si la embarraba no eran tan graves las consecuencias que traía mi error, si es que no era bueno.

Por los resultados que ha tenido La cama mágica de Bartolo, se puede inferir que, por lo menos, es gusto literario de varios niños. Esta obra que la escribió en 1995, cuando todavía estaba en la universidad , y que publicó en el 2002, es récord de ventas de literatura infantil en Alfaguara y lectura obligatoria por lo menos en 100 colegios, “lo cual es inédito para un autor de literatura infantil en Chile, por lo menos para uno nuevo, es muy poco común”, se enorgullece.
Hoy hace clases de literatura infantil en Educación Parvularia en la Universidad Andrés Bello, realiza talleres como el que realizará el 22 de octubre de “Animación a la lectura y encuentro con el escritor” y constantemente visita a colegios.

¿Cómo surgió la idea de hacer clases?
Yo he ido a 75 colegios hasta ahora. A través de las visitas de los colegios fue que descubrí la vocación educacional. Me gustó mucho y me llamó mucho la atención la llegada que tenía con los niños y no sólo a mí, sino que también a las demás personas que me han visto hacer las presentaciones... es un ambiente de mucho respeto, porque es muy entretenido y al mismo tiempo de mucho contenido. No es que yo haga una cosa muy livianita, vamos profundizando en los temas, de hecho, hasta las mismas profesoras se sorprenden que niños muy callados o que no son buenos lectores hacen preguntas. A partir de eso me dio vuelta la idea de hacer clases.

¿Tus libros tiene una intención educacional?
No, para nada. Yo escribo, porque lo paso muy bien. Yo no tengo ningún objetivo pedagógico al momento de escribir, quizás al contrario, me alejo. Si en algún momento me pasara que me doy cuenta que estoy escribiendo un libro con un objetivo pedagógico, inmediatamente agarro mi cartón de ingeniero y voy a buscar trabajo. Me aburriría como ostra y lo encuentro espantoso. Hay escritores que lo hacen y lo encuentro espantoso. Yo tengo la libertad de poder sustraerme de eso, porque tengo el cartón de emergencia ahí colgado e igual encuentro que no se justifica –atropelladamente van saliendo de sus labios todas las ideas que tiene en mente, contesta tan rápido como para que no se le escape ninguna-... Me cargaría escribir un libro para que los niños aprendieran a lavarse los dientes, a menos que sea una cosa totalmente divertida y ridícula.. un niño tan cochino que nunca se lava los dientes y le salieron telarañas y entonces se hizo amigo de las arañas que tenía dentro de los dientes.. una cosa así…Se ríe solo de la historia que acaba de inventar.

¿Cómo ha sido el contacto con los niños en los colegios?
... A veces te hacen una preguntas bastante complejas… una niña me preguntó si es que ahora que me voy a casar estoy conciente de que no voy a ganar tanta plata como ingeniero.. mira hacia el suelo, rascándose la cabeza.

¿Y has pensado bien ese tema?
Sí, lo he pensado mucho, casi todos los días, es difícil, no es sencillo. Porque mi proyecto de vida es formar una familia, no es ser un escritor famoso, ni siquiera ser un escritor, a mí me interesa ser un buen marido y un buen papá, eso es lo que quiero ser en la vida, mi carrera es totalmente secundaria… Es la primera vez dentro de la conversación que responde pausadamente, su tono de voz es más serio y piensa bien lo que va a decir.

Narrando para niños

¿Cómo te decidiste por la literatura infantil?
Porque en castellano siempre me hicieron leer libros muy fomes. Ponte tú, Marianela me cargó, es súper fome, de hecho me alegré cuando la niña al final se tiraba y se moría, ya me tenía chato. En cambio en inglés .. y es una pena, por suerte eso ha cambiado... leíamos mucho mejores libros. No es que en castellano no hayan buenos escritores, ¡sí lo hay!, lo que pasaba es que la selección no era la adecuada, especialmente para los rangos de edad. A mí me pasaban cuando muy chico, libros con descripciones largas... todo muy lírico, muy nostálgico, que para los más adultos puede ser precioso, pero para un niño de quinto básico, que no tiene nostalgia... ¡nostalgia de qué va a tener un niño de siete años!... ¿de cuando tenía cinco? Yo escribí La cama mágica de Bartolo, con mucho humor, fantasía y diálogo, o sea, lo que yo creía que era lo que le faltaba a los libros infantiles.

¿Cómo lo haces para escribir como niño? ¿O es que sigues siendo un niño?
(se ríe) Es un enigma, claro que puede ser que siga siendo un niño de treinta años. Muchos me decían que era increíble mi capacidad para meterme en la mente de un niño. Yo antes jamás me había percatado de eso, yo sólo escribía como yo lo pasaba bien... jamás me pregunté cómo pensaba un niño, yo sólo escribía como yo lo diría y parece que esa es la forma y funcionó –sus ojos brillan nuevamente.

¿Qué característica en común tienen La cama mágica de Bartolo y ¡Ay, cuánto me quiero!?

El humor –afirma- una característica mía es el humor. No sé si podría escribir un libro para niños tristes, aunque los encuentro preciosos, pero no sé si podría escribirlo. Lo mío va hacia el humor y la fantasía, una fantasía muy intensa, de mucha creatividad, donde las propiedades de la naturaleza se dan vuelta, se trastocan…en La cama mágica de Bartolo el sol sale de la Cordillera de Los Andes de un hoyo y después se pone en un remolino que hay en el mar…

¿Utilizas mucho tus recuerdos de niño?
Sí, mucho. De hecho La cama mágica de Bartolo nace de la idea de que yo una vez en mi cama, cuando tenía como nueve años, traté de hacer fuerza mental para que se levantara. Me concentré, me concentré para que la cama se elevara unos pocos centímetros.. vamos Mauricio tú puedes, fuerza mental, fuerza mental.. y obviamente que la cama no se movió ni un solo milímetro. Pero sí me sirvió para escribir ese cuento.

¿Siempre has escrito cuentos o también novelas?

Escribí una novela para adultos –Almendras eternas-, estuve cinco meses escribiendo. La terminé, la llevé a un par de editoriales, no pasó nada y no estoy preocupado por eso… súper tranquilo. Me da la impresión que, por lo menos en Chile, para llegar a la literatura adulta tienes que tener un nombre, un recorrido.. o ser famoso… o moverte en el ambiente de las revistas de los libros, de clases…o...

Sueños y aspiraciones
¿Entonces te interesa llegar a la literatura para adultos?
Sí, me encanta. A mí en este momento me gusta escribir narrativa que es muy sencilla, mi historia llegó a buen término –refiriéndose a Almendras eternas–; quizás no le fue tan bien porque no tiene contenidos vendedores: ni sexo, ni asesinatos, ni violaciones… si es por ganar plata me dedico a ingeniero, tengo esa válvula de escape, no voy a escribir sobre esas cosas si es que no me nace.
Mauricio lo afirma categóricamente, su diploma de ingeniero y el tema de volverlo a usar ha salido varias veces en la conversación.

Si lograras consolidarte en la literatura para adultos ¿dejarías la literatura infantil?

No, me gustaría seguir siempre escribiendo para niños, tiene algo.. da mucha libertad. ¿Por qué?, porque tiene muchas restricciones, el hecho de que existan muchas restricciones... de temas, de lenguaje, profundidad... eso mismo te obliga que si quieres expresar cosas profundas tienes que usar al máximo tu creatividad, entonces no limita la imaginación, hay que buscar soluciones para proponer cosas nuevas.

¿En qué estás ahora?
Estoy trabajando en un nuevo libro, que me tiene muy contento, es más largo, llevo ochenta páginas escritas de computador. La protagonista es una niña, ha sido muy interesante, me ha gustado mucho, lo he pasado muy bien con esta niña, aparte es tan simpática… no te puedo contar nada más...
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