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| 2. Una experiencia electrizante —¡Toxi, mi querida Toxi! —llamó cantando el señor Guácatela a su mujer—. ¡Ya va a comenzar tu programa favorito! Ella llegó corriendo con sus pantalones de aeróbica apretados y se tiró de un salto sobre la cama; no quería perderse un segundo del infomercial que la trastornaba. —¡Llame, llame, llame y adelgace YA!— decía el presentador con acento extranjero— ¡Sin sacrificio, sin ejercicio, sin siquiera conocer a Mauricio! —efectivamente nunca supimos quién era Mauricio, pero rimaba—. ¡Sólo ajústese el fantástico cinturón Ab-Dominación, presione el botón rojo y automáticamente comenzará a recibir el efecto de la electroterapia! |
| ¡Usted no tiene que hacer los abdominales, Ab-Dominación los hace por usted! —¡Ay, Roño! —dijo la señora Guácatela—. ¡Cómprame Ab-Dominación, por favor! — y acarició a su marido. —Por supuesto, mi Toxi adorada. No tenemos cómo pagarlo, pero no importa —y marcó el número que aparecía en pantalla justo cuando el animador, que se llamaba Marrullero Camandulero, dijo “¡YA!”. Así consiguieron ser los primeros en comunicarse y recibieron de regalo un año gratis de cloro. Estaban tan contentos que se dieron un fuerte abrazo, tanto que a Toxina se le escapó un enorme eructo. |
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