Mi papá es normal. Es sumamente normal. Mi papá es tan normal que llega a ser raro de lo normal que es.
Se podría decir que es único en su normalidad.
Del capítulo 2: ¿Existen los
papás normales?
Mi tío Erasmo vive con
nosotros desde hace algunos años. Llegó cuando yo era más niño y que fue cuando él se arruinó, como dice mi mamá. Y no fue que se echara a perder como un robot que se quema y explota, gritando ¡Peligro, peligro! No, no fue así. Tampoco fue por culpa de que yo fuera niño. Lo que pasó fue que se quedó pobre. O mejor dicho, se gastó toda la plata.
Del capítulo 4: Caca
La tía abuela Amaranta Melania no fue millonaria de nacimiento. Su marido trabajaba mucho y le daba la plata. Ella siempre ahorró. Al final de cada mes, descosía una compuerta secreta que tenía en el colchón de su cama, sacaba un poco de lana, metía los billetes y volvía a coser la abertura. Para cuando quedó viuda, el colchón entero estaba relleno de billetes.
Del capítulo 5: Mascotas
Mi vecino Horacio es enfermizo y enfermante. Es enfermizo porque
se enferma de todo y enfermante porque uno se agota de la
cantidad de veces que no puede salir a jugar, porque está enfermo...
Pero yo no podría enojarme con Horacio, porque es sumamente
bueno y además es mi mejor amigo.
Del capítulo 11: Muerte
-¡Miren qué sorpresa! -dijo la señorita Gerundia-.
El alumno Lucas Pardo, por primera vez, quiere presentarse
voluntariamente -y tenía razón, porque yo nunca había
sido voluntario en la historia mundial,
o al menos en mi historia escolar-.
¿Está seguro, señor Pardo?
-¡Sí, sí, sí! -le respondí yo, ya poniéndome de pie.
-¿Y usted sabe cuál es el tema que toca hoy, señor Pardo?
-Sexo -respondí.
Del capítulo 7: Sexo
©2009, del texto:
Mauricio Paredes
© 2009, de las ilustraciones:
Verónica Laymuns