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Había una vez un niño que se llamaba Bartolo.

Bartolo iba todos los días –de semana, obviamente– al colegio a jugar a la pelota, a hacer carreras de botes en la acequia, a subirse a las ramas de los árboles, a pillar lagartijas para meterlas en frascos de vidrio, a fabricar aviones de papel, a quemar hormigas con una lupa y, a veces, hasta a estudiar.
¡La cama mágica de Bartolo!
¿Cómo conseguimos el libro?