¡Ay, cuánto me quiero!
Cada noche, cuando me acuesto, rezo y le doy gracias a Dios por haberme hecho a mí junto conmigo. ¡Qué sabio es Él! Con razón es Dios. Hace todo bien.

Mientras duermo, me echo mucho de menos, pero ¡ay, qué alivio despertar en la mañana y volver a encontrarme!
¡Ay, cuánto me quiero!
En realidad, para ser sincero,
me amo.
¿Qué haría yo sin mí?
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¡Qué suerte la mía, conocerme de toda la vida! Desde el día en que nací he estado conmigo. Prometo nunca dejarme solo. Me acompañaré siempre, donde sea que vaya.
YO
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