¡Ay, cuánto me quiero!
—¡Ah! ¡Eres tú! —me dijo la mamá de esa niña—. Hola lindo. La llamo enseguida.
—No, no —le dije yo—. Este no es un asunto que se pueda conversar por teléfono. Dígale a esa niña que vaya a su pieza porque yo me voy a subir a mi árbol. Ahí hablaré con ella —y colgué.
La mamá de esa niña debe ser una mujer muy inteligente, porque supo lo lindo que soy sin siquiera verme.
Volver
Muy temprano desperté
a mi mamá para preguntarle
el número de teléfono de esa niña.
Ella me lo dictó y yo lo marqué.
—¿Aló? ¿Está esa niña? —pregunté.
—¿Quién es esa niña? —me contestó la mamá de esa niña.
Es raro que una mamá no sepa bien quién es
su hija. Le expliqué:
—Esa niña que vive al lado mío, igual que usted. Ayer le di mi amigo imaginario que inventé.
MAMÁ DE
ESA NIÑA
¡Compra mi libro!