¡Ay, cuánto me quiero!
Volver
—¿Y cómo es tu amigo imaginario? —le pregunté.
—Es muy fuerte, audaz y además es cariñoso conmigo.
—¿Pero cómo es por fuera? ¿Alto, bajo, gordo, flaco, viejo, joven?
—Es normal.
Esa niña es una niña de muy pocas palabras, ya se me estaba acabando la paciencia.
—¿Y qué significa “normal”? Normal podría ser que midiera un centímetro y que pesara como mil kilos y que tuviese doscientos años y que fuera verde.
—No es verde —reclamó esa niña—. Es más o menos de mi mismo porte, no es gordo ni tampoco flaco, y tiene mi edad.
—¿Y de qué color es?
—No sé, color piel supongo.
Yo no sé cuál es el color piel, porque
depende de qué color
uno tenga la piel. También la piel
cambia de color si es verano y uno
se pone al sol y se pone tostado,
o si es invierno y entonces es más blanca. Además cuando yo me enojo mi cara
se pone colorada, y cuando estoy mucho
rato en la piscina me pongo medio azul.
Me pareció aburrido que el amigo imaginario
de esa niña fuese tan común y corriente.
Ver amigo mío (el más entretenido)
AMIGO DE ESA NIÑA
Es NORMAL